La historia oculta de la Hacienda el Novillero en Fusagasuga

Por décadas, una antigua propiedad rural de Fusagasugá ha sido un importante y poco conocido patrimonio colonial, la Hacienda el Novillero fue escenario de enfrentamientos armados durante las guerras civiles del siglo XIX y, según la tradición oral de locales, recibieron a figuras de la Independencia. Hoy, en la revista Soy Viajero hemos investigado una parte muy poco conocida en la historia de Cundinamarca.

Antes de que Fusagasugá se convirtiera en el municipio que hoy conocemos, la mayor parte de su territorio estaba dominada por enormes propiedades rurales. bastas extensiones de tierra capaces de determinar la economía de una región, controlar caminos, producir alimentos, madera y, en tiempos de guerra, convertirse en refugio o posición militar.

Una de esas propiedades es la antigua Hacienda El Novillero, cuya historia se remonta a los primeros siglos de la presencia española en la región.

Para reconstruir su pasado hemos investigado episodios que están respaldados por inventarios patrimoniales, documentos históricos y fuentes de relatos locales.

 

Índice

La formación de El Chocho y las primeras huellas coloniales

A comienzos del siglo XVII aparece en la historia regional Francisco Gómez de la Cruz, conquistador español y encomendero vinculado con Subia y Tibacuy. Las reconstrucciones históricas sitúan hacia 1608 estancias de ganado mayor asociadas a su nombre o al de su hijo, Francisco Gómez de la Cruz.

Sin embargo, existe una precisión fundamental: las fuentes no lo identifican como el fundador de la Hacienda El Novillero. Su importancia radica en que representa una de las primeras huellas coloniales conocidas en este amplio territorio.

Con el paso de los siglos, la tierra comenzó a concentrarse en grandes propiedades. Casi doscientos años después, Juan Jerónimo Liévano reunió diferentes porciones de terreno hasta consolidar la enorme Hacienda El Chocho.

Aquella propiedad llegó a abarcar aproximadamente 23.850 fanegadas y funcionaba como un complejo rural compuesto por estancias, casas, caminos y centros productivos.

En medio de ese enorme territorio, El Novillero fue adquiriendo identidad propia.

Una casa en medio de la historia

Las antiguas reseñas de Fusagasugá también relacionan El Novillero con los primeros años de la población. De acuerdo con estas referencias, de sus tierras habrían salido madera y paja utilizadas en algunas de las primeras construcciones del municipio.

Pero la historia de la hacienda no se limitó a la producción y al abastecimiento. Durante los años de la Independencia, la memoria histórica local relaciona el lugar con algunos de los protagonistas de aquel período. Antonio Nariño, sus hermanas, Camilo Torres y el general París aparecen mencionados en antiguas reseñas vinculadas con la hacienda.

1876: la guerra llegó a la casona

El 9 de febrero de 1876, en medio de las guerras civiles que sacudieron a Colombia durante el siglo XIX, la confrontación llegó hasta El Novillero.

El general Francisco Asís Mogollón se atrinchero con 300 hombres en la casona, detrás de sus cercas de piedra. Al otro lado, estaban las fuerzas rebeldes, comandadas por los coroneles Juan Ardila y Lucio C. Moreno.

Los rebeldes sitiaron la posición, pero terminaron retirándose debido a la falta de pertrechos. El episodio pasó a ser conocido como la Batalla de El Novillero.

El hecho deja una evidencia significativa sobre la propia propiedad: para 1876 ya existían una casa principal y unas cercas de piedra suficientemente importantes como para convertirse en una posición defensiva.

La historia de Colombia, tantas veces contada desde los grandes campos de batalla, también se libró en espacios rurales como este.

Los Caballero: café, trabajo y una economía propia

A finales del siglo XIX, Ángel María Caballero adquirió El Chocho. Con la siguiente generación, el enorme patrimonio funcionó a través de distintas haciendas y centros de trabajo. La administración principal se ubicaba en la casona que después sería conocida como el Club del Bosque; Los Puentes, en Silvania, era un punto clave para comercializar el café; y El Novillero aparece descrito como almacén y casa de trabajo. Los materiales históricos mencionan además unidades como La Palma, Bethania y Coloma dentro de aquel universo patrimonial.

La escala de la operación era extraordinaria. Se producía café, se desarrollaban actividades ganaderas, agrícolas y madereras y cientos de familias vivían y trabajaban dentro del sistema. Circulaba incluso una moneda interna, el medio real, utilizada en transacciones y en el comisariato de la hacienda. Había reglamentos de trabajo y una organización cotidiana que hacía de El Chocho casi un pequeño mundo rural dentro del Sumapaz.

Cuando la tierra empezó a cambiar de manos

Ese modelo también produjo inconformidad. Antes de 1928 los arrendatarios ya se organizaban para reclamar el fin de trabajos no remunerados y mayor libertad para vender sus cosechas. Un dato conservado por las fuentes resume bien la tensión: la carga de café debía venderse dentro de la hacienda a $0,16, mientras en Fusagasugá podía alcanzar $0,24. Poco a poco, el reclamo dejó de ser únicamente por mejores condiciones de trabajo y se convirtió en una pregunta por la propiedad misma de la tierra.

En la década de 1930, Jorge Eliécer Gaitán y Erasmo Valencia aparecen apoyando y asesorando movimientos campesinos de la región. El gigantesco El Chocho terminó fragmentándose en más de mil parcelas. El proceso transformó el paisaje social del Sumapaz y estuvo estrechamente relacionado con el surgimiento de Silvania en 1935. Algunas antiguas unidades, sin embargo, conservaron continuidad. Entre ellas permaneció Hacienda El Novillero.

1969: un nuevo capítulo

En 1969 Enrique Acuña adquirió Hacienda El Novillero a la familia Caballero. La propiedad continuó siendo un espacio rural y productivo y, al mismo tiempo, un lugar de descanso y encuentro familiar. Con los años, una empresa de inversiones asumió su continuidad y comenzó a plantearse cómo conservar este patrimonio y darle una vocación sostenible hacia el futuro.

El Novillero de hoy

La respuesta fue abrir progresivamente la Hacienda. La antigua casa comenzó a recibir huéspedes, celebraciones y visitantes, mientras el campo siguió siendo parte esencial de su identidad. Hoy El Novillero conserva 87 hectáreas, aproximadamente 35 de ellas forestales, y combina actividad agropecuaria con hotelería, restaurante, eventos, gastronomía y experiencias de naturaleza.

Pablo Trujillo

Periodista de viajes y Documentalista

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