Este museo guarda los principales tesoros de la cultura Muisca.

Es probable que no estés familiarizado con este museo, una joya oculta a la que yo misma, viviendo más de un año en el municipio, recién descubrí (admito mi despiste).

Pero dejemos eso de lado…

La primera vez que crucé las puertas del Museo Arqueológico De Sogamoso, mis expectativas no eran altas, influenciadas quizás por los tediosos recorridos de museo durante mis años escolares.

Sin embargo, los tiempos cambian y con ellos, nuestros intereses.

Ahora, encuentro un profundo placer en reconectar con nuestras raíces, explorando nuestro linaje y nuestra historia, no por obligación, sino con verdadero interés y propósito.

Curiosamente, uno de los guardianes del museo compartió conmigo que apenas desde hace un año, los ciudadanos del municipio han empezado a frecuentar este museo con entusiasmo, una tendencia que antes era bastante rara.

Esto me parece extraordinario, y estoy ansiosa por entender el porqué.

El museo en sí es un descubrimiento asombroso.

Más amplio de lo imaginado, su arquitectura y los jardines que lo rodean se complementan perfectamente con el clima agradable y un cielo despejado que presagiaba una experiencia inolvidable.

Esta institución ha sido construida y meticulosamente preservada gracias a las investigaciones realizadas por más de 60 años por el antropólogo Eliécer Silva Celis y su esposa.

Aquí, encontrarás un tesoro de información que te espera en tu visita.

Nuestra guía, desde el primer momento, nos sumergió en reflexiones profundas sobre la importancia de preservar nuestro ecosistema y patrimonio cultural.

Como colombianos, dijo, necesitamos desarrollar una mayor sensibilidad hacia estas cuestiones.

Y, debo admitir, estoy completamente de acuerdo.

Lo más impactante del recorrido fue descubrir la meticulosa reconstrucción de las viviendas muisca, auténticas réplicas que revelan una arquitectura única con bases circulares y techos cónicos.

La elección de la paja del páramo para los techos, debido a su resistencia al agua, y el tejido de las paredes con cañas amerindias simbolizan la profunda conexión con la naturaleza y el equilibrio entre lo masculino y lo femenino.

La orientación de las ventanas, pensada estratégicamente, servía a los muiscas como un calendario solar, indicando momentos precisos como los solsticios y equinoccios.

El uso de la madera de Guayacán para las vigas de sostenimiento, conocida por su fortaleza y durabilidad, me dejó especialmente maravillada.

Esta madera, que se va petrificando con el tiempo, simboliza la conexión eterna con la tierra y el respeto por los materiales naturales.

El recorrido también nos llevó por una exploración de la cosmovisión muisca, donde las estructuras arquitectónicas no son meras construcciones, sino representaciones vivas del universo, dividido en tres niveles: el supramundo de deidades, nuestro mundo tangible, y el inframundo, el lugar de descanso eterno.

La fotografía que sigue captura un momento excepcionalmente especial para mí.

Durante nuestra visita, la guía compartió una historia fascinante: en momentos señalados, el cacique enviaba mensajes al padre Sol mediante un ave meticulosamente entrenada para tal fin.

Sorprendentemente, justo cuando capture esta imagen, el sol brillaba con una intensidad única, y junto a él, una enigmática figura apareció, una pequeña entidad que no logro reconocer, inmortalizando un instante donde la leyenda pareció cobrar vida ante mis ojos.

Esta visión del ciclo de la vida y la muerte, donde la muerte se ve como un retorno al vientre de la madre tierra, fue una de las lecciones más profundas de la visita.

Finalmente, el museo no solo cuenta con estas reconstrucciones arquitectónicas, sino también con una vasta colección de artefactos que incluyen restos humanos y animales, herramientas de caza, utensilios de cocina, y mucho más.

La historia de los jíbaros y su práctica de disecar cabezas como trofeos de victoria fue un relato que capturó especialmente mi atención.

Tienes que verlo con tus propios ojos…

Este viaje al Museo Arqueológico De Sogamoso es más que una lección de historia; es una invitación a reflexionar sobre nuestra identidad, a valorar nuestro legado y a comprometernos con la protección de nuestro patrimonio cultural y natural.

¡No te vayas a ir, sin tomarte un té, una cerveza, o un refresco de coca!

Conocer el pasado es desbloquear los secretos de nuestra identidad; cada paso por este museo es una huella que nos reconecta con la sabiduría ancestral, iluminando nuestro camino hacia el futuro.

Para más información y planificar tu visita, consulta la página web:

(https://situr.boyaca.gov.co/atractivo-turistico/museo-arqueologico-y-templo-del-sol-2/).

 

Juana Leal,

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